Cuando comprendemos que nuestras bendiciones son eternas —y no materiales ni perecederas, que van y vienen—, eso nos ayuda a permanecer fieles a Jesús, aun si tenemos que sufrir por un breve tiempo. Mantenemos la esperanza de que, algún día, esa batalla terminará y disfrutaremos de la vida eterna junto a Jesús. ——– CONNECT WITH…
